Eugenia Fernández, Conchi Ortube, Ana María Ruiz, Sonia Fernández, Gerardo García-Castrillo (director del Museo) y Mercedes Perales (en la pantalla)

La mar de Sonia y otro puñado de buenas historias

cantabria 17/03/2017 07:20 |0

Cinco ‘Mujeres de la mar’ con distintos oficios protagonizan la tertulia del muelle en el Museo Marítimo del Cantábrico

A Sonia se le ilumina la cara al ver las fotos. Dice que lo echa de menos, que "la libertad que tienes ahí no la tienes en ningún trabajo". Habla de "amaneceres", de lo bonito que era ir a la sarda, de entrar en Santander después de un mes... Hasta del ‘trozo’ de Cantábrico que bautizaron los patrones de Castro con su nombre... Pero sin perder esa sonrisa cuenta también que estuvieron "a punto de perder la vida", que tuvieron que "trabajárselo muchísimo" para que las miradas masculinas fueran distintas y que su padre "salió muchas veces con mal tiempo para demostrar" que ellas podían hacerlo como los demás. Ellas, Sonia y su hermana Eugenia, que recuerda las perrerías que le hacían en los comienzos –hasta que su hermana, precisamente, se encaró con tres compañeros–. "Al principio te daba vergüenza decirle a la gente que te ibas a la mar porque te miraban raro. Ibas a una entrevista de trabajo y alucinaban". Conchi, a su lado, las mira con admiración mientras hablan. "Que niñas", repite. Ella, que trabajó en la fábrica "de chavaluca" porque "era lo que daba de comer en la temporada de la anchoa". Que cuenta que su madre y su abuela "llevaban hasta diez cestos en la cabeza". Ana, más callada, se guarda el salitre para sus adentros. "A mí me dijo mi suegra hace cuarenta años, cuando me casé con Manolo, que mirara como funcionaba el negocio. Y tanto. Primero a la venta, luego a la bodega y luego a la mar", relata antes de que le pregunten que tal tiene la espalda. Y luego está Mercedes, ‘la guapa’, que habla por videoconferencia desde Castro. Ha hecho de todo y tiene historias para una enciclopedia. De todo, menos navegar. "Yo no me embarco ni el Día del Carmen. Le tengo un miedo infernal".

Cinco mujeres protagonistas de ‘La tertulia del Muelle’ que organiza el Museo Marítimo. Hablaron de muchachas, llamadoras, adobadoras, rederas, panchoneras, pescateras, marineras, patronas, armadoras... Oficios. De ‘Mujeres de la mar’, que así le pusieron a la tarde. "Fulano, a las siete". Era el despertador en tiempos sin teléfono. Una voz femenina a gritos por el barrio. "Yo fui a almejas, a muergos, a las cachoneras, a bonitos... Me llevaba hasta a mis hijos. Ahora no puedes llevar ni al gato". Ana sonríe. Descargaban bonitos, uno a uno, en los carros. "Una noche –Mercedes llenó el Museo de anécdotas– el barco quedó varado en una esquina del puerto. Yo le tenía que pasar los bonitos a la otra muchacha que estaba, pero un compañero me puso un bicho encima tan grande que me abracé a él y llegué sin dejar de abrazarle hasta el mismo carro".

Eugenia Fernández

Cuidábamos el bonito mejor que a los novios, con una alfombra a bordo para que no se rayara

Ana María Ruiz

Mi suegra me dijo que aprendiera el negocio. Y tanto. A la venta, a la bodega y, luego, a la mar

Conchi Ortube

Yo era una chavaluca en la fábrica. Era lo que daba de comer en la temporada de la anchoa

Mercedes Perales

Antiguamente en el barco comían patatas y patatas. Todos de la misma cazuela. Cucharada y paso atrás

Salieron a relucir nombres míticos. Muchos del Santander de un Puertochico muy distinto. La Chulilla, La Voladora, La Paulita, La Chata... Fueron desfilando por la sala igual que las fotos. "En esa estábamos mi hermana Sonia, mi padre y yo. Cuidábamos el bonito mejor que a los novios. Poníamos en el barco alfombras para que no se rayara el pescado". Y aún así, a veces, las cuentas no salían. "Ver una vez que nos lo pagaron a cien pesetas después de tantos días y de dormir en tablas. Creo que no he llorado más en mi vida". Contaron muchas cosas. La sensación de sentirse "como hormigas" entre los mercantes y entre la niebla a bordo de barcos más pequeños. O los primeros viajes, casi como "de turista" de Sonia, con diez años (mucho antes de trabajar de forma profesional). "Los de Castro le cantaban canciones a ella y a mí no", bromeó su hermana.

Llamadoras, pescateras o marineras a bordo, todas repasaron oficios y anécdotas

Por hablar, hablaron hasta de la labor de los perros. "En alta mar, a bonitos. Parabas los motores y quedabas a la deriva. Era el perro el que te avisaba para no embestir". Todo, haciendo vida en "catorce o quince metros" y comiendo "lo más fácil posible". Ahí entró Mercedes. Recordando sus tiempos como armadora. "Últimamente ya comían muy bien. Bacalao, carne, buen aceite... Pero lo primero, patatas y patatas. Patatas con algo. A veces con arroz. Todos de la misma cazuela. Cucharada y paso atrás".

La sonrisa se les torció a todas un poco al recordar episodios difíciles. Los abrazos al hombre de la radio tras la incertidumbre sin noticias o esa vez que "el barco se prendió fuego viniendo de bonitos cuando se veía ya Cabo Mayor". También para vencer los recelos. "No nos dejaban atracar o saltar a otros barcos. Nos miraban pensando qué pintábamos nosotras allí y luego nos veían en alta mar como ellos. Nos los tuvimos que trabajar mucho", insisten las dos hermanas. ¿Y por qué lo dejaste?, le preguntan a Eugenia. "Porque quería trabajar en tierra. Mis ocho horas, cobrar y pista". Lo cuenta, pero añade que está "muy orgullosa de esos años". Que los reivindica cada vez que puede. Su hermana, la del ‘Mar de Laura’ cerca de Castro Urdiales, vuelve a mostrar una sonrisa azul y deja escapar que ella lo "echa muchísimo de menos".

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