A ver quién rima más fuerte

08/01/2017 22:03 |0

El hip hop suma 30 años de historia, de versos argumentados y pegados a la calle, pero este movimiento tiene más que pasado: su futuro es tan explosivo como las 'batallas de gallos'

No es habitual que Dj Uve, Dj Yata, Enzo Värez, Mítiko, Ludovico, La Jota o Cool-Z se encuentren para contar los entresijos del hip hop hecho en Cantabria. Lo normal es que sus nombres, por pares o por tríos, se entremezclen en los créditos de un disco, en carteles de sesiones o directos, pero es del todo excepcional que se reúnan para recordar cómo se pusieron los cimientos de la escena regional, cómo se han ido colocando pilares, armazones y andamios durante casi treinta años. El edificio del hip hop, dicen quienes lo siguen levantando, tiene las ventanas abiertas para escuchar el runrún de la calle, tiene un sonido e idiosincrasia propios.

Estos alias, y los de otros muchos que se deslizan en la conversación, han construido una forma de hacer música –y casi que de encarar la vida– que sublima la voz del arrabal, de lo urbano; que reivindica el 'yo'; que es tremendamente masculina; que no tiene templo fijo, y que está obsesionada con reflejar lo que ocurre en la calle. Sí, es poco habitual verlos reunidos, pero hace unos días un puñado de MC, productores y DJ se citó alrededor de una mesa para componer un relato coral sobre este movimiento tentacular y en constante evolución.

El hip hop nace en la década de 1970 en el Bronx neoyorquino; el ‘Rapper’s Delight’ (de The Sugarhill Gang) se convierte en 1979 en uno de sus primeros himnos. En Cantabria todo comienza a principios de los noventa, al calor de locales como el Up de Santander (también el New, el Roots). Allí se organizaban fiestas, pinchadas; allí se encontraban los devotos para intercambiarse casetes, maquetas, grabaciones caseras; por allí pululaban personajes inquietos como Uve en busca de referencias, mostrando ganas de construir un edificio desde cero. Uve comenzó a pinchar de modo profesional en el UP en 1992. «Aquel lugar era un foco de conocimiento», rememora hoy, convertido ya en DJ, MC y productor consolidado. Uve tiene el relato del movimiento ordenado en su cabeza. Lanza un primer puñado de nombres, aquellos que integraron la ola inicial del hip hop regional y que componían el sonido ‘Costa Norte’: Pareja de Ases, Fusión Klan, Falsa Identidad.

«El hip hop no tiene una ideología como tal, es la ideología de la calle; es enunciar para denunciar»

«En los inicios, íbamos a nuestros conciertos, ntercambiábamos nuestro trabajo. Había una lealtad»

«Por entonces nos íbamos conociendo, hacíamos cosas diferentes, intercambiábamos nuestro trabajo, íbamos a nuestros conciertos. Probablemente hemos grabado todos con todos. Había una lealtad».

Aunque Santander era el epicentro, la raíz del hip hop fue brotando en Torrelavega, Maliaño y municipios próximos. La red fue haciéndose resistente y ensanchándose gracias a las pinchadas, al boca a boca, a conexiones a menudo totalmente espontáneas. Entonces, la indumentaria era de libre creación, los parches se compraban en Discoplay, las grandes marcas no habían colonizado los armarios; los estudios se montaban en garajes, dormitorios o en las salitas de casa, y las herramientas para componer eran rudimentarias. Cool-Z –que arrancó en 1993 (y que recién ha presentado en vinilo ‘The EP’ (1L Records), junto con Dj Yata)– resume la situación con un lema: «Eran los tiempos del 'háztelo tú mismo'. Éramos unos artesanos de cojones. Tener un ‘sampler’ o un teclado era como de otro planeta».

Las bases y los ritmos se hacían a partir de cintas propias, los temas eran pequeños ‘frankensteins’ armados a menudo con pedazos de otras melodías: trozos de batería o bajo que se rastreaban durante horas en discos o grabaciones radiofónicas. Podían pasarse toda una tarde para armar un ritmo. Uve recuerda que su primera tarjeta de sonido fue un engendro de cables, conexiones, circuitos y soldaduras. «No sabía ni cómo iba a sonar», dice y suelta una carcajada. Todo era fresco, loco, todo estaba por descubrir, al menos esa sensación les llega hoy desde el pasado. Y la manufactura artesana no se ha evaporado. «Viniendo de ahí, no se me ocurre ahora hacer un rapeo con un ritmo que no sea mío», declara Uve.

Para esa primera ola, compartir una misma escena supuso también compartir influencias. A Uve, cuyo nombre pesa en este relato, le entusiasmaba el sonido de Nueva York y esas reminiscencias primaron en los albores del hip hop en Cantabria.

Llega Chinatown

Uve también formó parte de uno de los grupos más significativos de los noventa. Entre 1990 y 1999 integró Falsa identidad junto con Priteo. Sus trabajos tuvieron repercusión nacional, sobre todo el último, '21', publicado con el sello Avoid Records en 1998.

Falsa identidad sería, además, el germen de otra formación de referencia, Chinatown, compuesta por Uve, Priteo y también Ganda, quien procedía de otra banda mítica del momento, Pareja de Ases. Chinatown despegó en 2000 y su proceso de creación coincidió con la explosión del hip hop en el país. Sin embargo, y aquí coinciden todos, el movimiento cántabro siempre discurrió en paralelo al nacional, sin adscribirse a lo general. «El hip hop de Cantabria puede reconocerse. Creció lejos de todo, separado del resto de las ciudades (Sevilla o Zaragoza, por ejemplo) que tuvieron escena propia».

¿Y cuáles son esas características intransferibles? Para empezar, la forma de rapear, que se construye con una voz natural y con un tono seco a la hora de enfatizar las frases. «Eso se diferencia muy bien». Las letras, las metáforas son a menudo particulares: el mar, la lluvia, lo gris. «Es un hip hop menos gratuito», interviene Uve, «quizá tiene una actitud más punk».

A pesar de que Cantabria discurría ajena al resto, Chinatown, activo hasta 2010, se hizo un hueco en el imaginario colectivo. «Puso a Cantabria en el mapa», tercia Cool-Z. La formación se inscribe en una segunda ola del hip hop, en la que también se deslizaron las voces, ritmos y expectativas de YoesDee, Roke, Estudios Blancos, Mañana, Mítiko y DJ Yata. El relevo era inevitable.

Más tecnología

Ludovico (Ludovico y Los Acéfalos), cuyas composiciones radian «agitación ideológica», metió los pies en el hip hop en 2002, dos años después de que el proyecto de Chinatown quedase aparcado, pero no duda de la relevancia de la formación. «Es un grupo clave, para mí es una de las principales referencias». Enzo Värez, cuyo aterrizaje formal se produjo en 2014 y cuyo hacer es novedoso, añadiendo electrónica o house a sus composiciones, coincide con Ludovico: «Es un grupo importante, todos lo conocemos».

Tras Chinatown llegó una tercera ola compuesta por Badana Rep (Ludovico), Zerocoma, Ñete, Sección Trece, Bambax o Alex One. Con el tiempo, llegarían Enzo Värez, Dengue Mafia, Ludovico y Los Acéfalos, Jahmal y Los Secuaces o El Mensaje. «En estos 25 años se ha respetado la base y se le han ido añadiendo sabores. Enzo no suena como Uve, pero hay algo de Uve en Enzo», reflexiona el grupo.

El uso de las tecnologías cambió los tiempos, las formas de hacer. Cuando Ludovico y Enzo irrumpieron en el hip hop, internet ya era una herramienta. «Con la tecnología se avanzaba mucho curro». Ludovico añade que la red facilita las búsquedas de ritmos, bases, y fomenta la comunicación. «Estás más cerca de todos». ¿Y ese cara a cara tan fundamental en los primeros años? Si bien los bares y sesiones periódicas escasean, si bien el hip hop se desarrolla en la cara oscura de la ciudad, Ludovico cree que «eso no se pierde».

Reivindicación del yo

¿Sobre qué asuntos se rapea en Cantabria? Hay temas comunes: hay una «reivindicación del yo», que es una forma de gritar a la sociedad «aquí estoy yo, y además importo, significa que somos especiales»; están las drogas como forma de ocio; también están la protesta y la crítica social, el «antifascismo» y la Policía como objeto de detracción, y se recurre al entorno y las rutinas, es decir, a todo aquello que ocurre ante sus ojos. «Contamos algo más, contamos lo que pasa en la calle». También, añaden, es un movimiento de egos que se encuentran y chocan y se retan. Hablan de compromiso, pero se desmarcan de siglas y corrientes ideológicas: «El hip hop no tiene una ideología como tal, es la ideología de la calle». Y remarcan una actitud: «El hip hop es una condición a la hora de hablar, es enunciar para denunciar».

Mujeres, presente y futuro

Las mujeres rapean, tienen voz en el hip hop. He aquí algunos ejemplos de procedencia heterogénea: Lauryn Hill, Missy Elliott, La Mala Rodríguez, THEESatisfaction, Shadia Mansour. ¿Y por qué en la región escasean como figuras activas? Ludovico responde sin titubeos: «Hay una costumbre en el discurso que excluye a las mujeres. No ha habido una ‘toma territorial’ por su parte, por eso es excluyente. Al hip hop le falta eso».

El hip hop trasciende lo meramente musical y construye su edificio a partir de cinco elementos (aquí ultrarresumidos): los MC (rapean); los B-boys y B-girls (bailan break); los DJ; los escritores que se sirven del grafiti para expresarse, y los teóricos, quienes arman la filosofía del movimiento. El pasado octubre se celebró el Festival Bum Bap en Tarrueza (Laredo), organizado por el colectivo Palos y Piedras. La cita sirvió para reunir a MC, DJ, productores, breakers y seguidores de Cantabria. Allí estaban convocados DJ Yata, DJ Uve, Priteo, Ludovico y Los Acéfalos, Enzo Värez, Canardo, Dee Diego; las voces consolidadas, pero también los más jóvenes y que reinventan sonido y letras .

El futuro inmediato del movimiento es brillante y opaco a partes iguales. «El hip hop lleva la mutación en el ADN. Es difícil saber qué pasará, quizá pase de moda, pero es lo que nos gusta», expone Uve. Ludovico y Enzo Värez tienen una idea mucho más luminosa: «Es algo que nunca va a acabar». Las nuevas olas pueden y deben tomar la palabra.

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