La Vuelta alcanza nuevas cotas

13/01/2017 07:22 |0

La prueba saldrá de Nimes, contará con 21 etapas y 56 kilómetros contrarreloj, 40 de ellos individual

Hace ya veinte años, a Enrique Franco, entonces director de la Vuelta, le preguntaron por sus sueños. Miró hacia el techo y los enumeró así: subir la carrera al Teide, a la Higa de Monreal (Navarra), a la Bola del Mundo y a Peña Cabarga. Entonces ni soñaba con el Angliru, esa montaña que se mete por la ventanas de Oviedo, que cambia de color al capricho del sol y que no parecía hecha para el ciclismo. Hasta allí arriba sólo se atrevía a trepar un camino ganadero. Era, pese a estar tan a la vista, una montaña invisible. Este año, una cima cántabra presentará su candidatura a convertirse también en mito ciclista: Los Machucos.

El Angliru volverá este año al perfil de la carrera. Y ocupará el mejor lugar: el último. Será el puerto final de la ronda. Desde su cima ya sólo restará el paseo final por Madrid para una edición que comenzará en Nimes (Francia) el 19 de agosto con una contrarreloj por equipos en la arena taurina de la ciudad más española de Francia, y que finalizará el 10 de septiembre con el sucesor de Nairo Quintana en la cúspide del podio madrileño. Pero antes, Cantabria y Los Machucos quieren ser jueces. Con la etapa Suances-Santo Toribio como carta de presentación turística de la Comunidad Autónoma y su Año Lebaniego.

La Vuelta se imita. «Somos fieles a nuestra marca de fábrica», señaló ayer Javier Guillén, director de la carrera, en la presentación del recorrido. Ha dado con la fórmula que le asegura el éxito de audiencia. Casi la mitad de las etapas, nueve, serán finales en alto. Al gusto del público. Tras partir desde la plaza de toros de la localidad francesa de Nimes, las montañas nevadas de Andorra catarán pronto, en la tercera etapa, las fuerzas de los líderes. Luego, aún bajo el calor de agosto, las explosivas cimas mediterráneas harán de examen. Ahí esperan los muros de Alcossebre –novedad en la quinta etapa y con rampas del 20%–, del Xorret del Catí y de las Cumbres del Sol, donde el año pasado solo Dumoulin pudo con Chris Froome.

Sólo cinco etapas figuran como llanas, por lo que los sprinters lo tendrán complicado

También Andalucía, en el ecuador de la carrera, podrá presumir de altura con tres metas verticales y fieles a la Vuelta: Calar Alto, que destapó el talento de Igor Antón en 2006, La Pandera y Sierra Nevada. Luego, ya de regreso al norte, aguarda la única contrarreloj indivual (40 kilómetros), en Logroño. A Guillén le gusta colocar esta etapa cronometrada antes del asalto final a la montaña. Quiere salvaguardar así la emoción, el sello de su carrera. Y lo consigue casi siempre.

Todo el recorrido está hecho para llegar a la meta con los favoritos casi empatados. Que decidan Cantabria y Asturias. La Vuelta se suma al Año Jubilar Lebaniego con dos etapas cántabras. La primera es de estreno. Otro descubrimiento: el puerto de los Machucos, que decora el paisaje, verde y piedra. El pelotón descubrirá una ascensión cruel, con paredes del 28 por ciento. Cerca de Arredondo, un pueblo de indianos, de aventureros que marcharon a América en busca de fortuna. Capital del mundo. De tipos echados hacia delante. De eso también se trata en el ciclismo.

La clave

Y si allí, en los pastos que miran al valle de Soba y al nacimiento en cascada del río Gándara, no está el tesoro, siempre quedará el Angliru. En la penúltima etapa. Asturias siempre le ha guardado un regalo a la Vuelta. Primero fue Pajares, aquel puerto que asustaba a los camiones en las fotografías en blanco y negro; después vino la subida a los Lagos de Covadonga con Marino Lejarreta en la proa…

Desde 1999, y por culpa de la buena vista de un ciego, el Angliru es el eje de la Vuelta cada vez que aparece en el recorrido. Esta vez, el viaje hacia la montaña asturiana partirá tres semanas antes desde Nimes. Guiño torero. Es un matador, el maestro José Tomás, el culpable. Él invitó a Guillén a una corrida en el albero francés. Sólo frente a seis toros. El director de la Vuelta no conocía la ciudad romana de Nimes, la más soleada de Francia. Se enamoró y hasta allí llevará su carrera en agosto para iniciar el camino hasta el tribunal de los Machucos y el juicio final en el Angliru. «La Vuelta –como dijo ayer en la presentación del recorrido la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena– es un espectáculo extraordinario».

La carrera seguirá siendo dura, con una dureza no disimulada a pesar de que las estadísticas dicen que habrá menos muros para subir que en otras ediciones, también menos kilómetros de recorrido, concretamente doscientos menos, que son muchos. Una etapa. Con lo que esos supone para la recuperación de los ciclistas. También se mantienen unas distancias asumibles: sólo dos etapas superarán los dos centenares de kilómetros.

Los datos no engañan: sólo cinco etapas figuran como llanas, es decir, los hombres rápidos lo van a tener muy complicado. Esa impresión de que hay menos dureza puede resultar engañosa: la carrera tendrá, como siempre, muchos componentes para que su dureza no se mida sólo por la montaña que aparece durante las etapas (final de temporada, intereses de equipos y corredores, la velocidad citada, entre otros) sino por otros que acabarán por llevarla, como siempre, a un grado máximo de exigencia para los participantes.

Final de año complicado

Al final, una prueba de tres semanas tiene un grupo de cuatro o cinco ciclistas que la disputan, otro de unos diez hombres que la pelean mucho y un grupo más numeroso que intenta sobrevivir. Lo que se observa es un recorido que no sorprende, muy abierto, en el que Chris Froome todavía no ha sido capaz de poder ganar la general final, algo que sí ha conseguido Nairo Quintana, el año pasado. Con cuarenta kilómetros contra el reloj y con la más que probable ausencia del colombiano –que quiere poner énfasis en el centenario del Giro y el Tour de Francia– le ponen una buena alfombra para que la consiga. De los ganadores que ha tenido la prueba podrían repetir, Valverde, Nibali, Aru, Contador o el propio Quintana. Todos en la salida sería un lujo. No es descabellado pensar que Aru y Nibali, que se verán en el Giro de Italia, afronten luego la Vuelta. Astana ya ha dicho que su líder en Francia será Jakob Fuglsang.

Con Chris Froome la situación no está clara: puede volver a hacer el doblete Tour-Vuelta para ver si consigue ganarla. Lo normal es que Nairo Quintana haga el Tour y el Giro le atrae, pero teniendo en cuenta que el patrocinio del equipo es de Movistar, verle de nuevo en la Vuelta sería factible. Queda Alberto Contador, al que Trek quiere en el Tour a tope. Luego podría repetir en la Vuelta. Lo que no está asegurado es la presencia de ciclistas cántabros en La Vuelta a España 2017. El único equipo con el puesto fijo en el que milita un ciclista de la región es el BMC de Fran Ventoso. El tiempo dirá si el campurriano toma la salida en Nimes. Y otros, los que compiten en equipos de categoría profesional continental, tendrán que esperar a que la organización les ofrezca una invitación.

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