Julio Engonga: "Lo fácil era jugar al balón"

dxt21 15/02/2017 13:40 |0

Miembro de una de las sagas futbolísticas más conocidas, sigue vinculado al deporte como directivo de la Federación Cántabra

Vicente Engonga Nguema, nacido en 1937 en Bisabat (Guinea Ecuatorial), se encargó de transmitir a sus hijos su amor por el balón e iniciar así una de las sagas más conocidas a nivel futbolístico de Cantabria. Vicente, el mayor; los mellizos Julio y Rafa –fallecido en agosto de 2013– y Óscar, el menor, llegaron incluso a jugar juntos en un partido de la Gimnástica en 1985.

Julio Engonga (Torrelavega, 1967) no es capaz de recordar su infancia sin un balón. «Mis primeros recuerdos son con unos cuatro o cinco años. Mi padre había jugado en la Gimnástica y para los cuatro hermanos lo mas fácil era jugar al balón. Todos comenzamos en el Colegio Pancho Cossío de Sierrapando, que es donde vivíamos», explica Julio. No pasó mucho tiempo hasta que, siguiendo la estela de su progenitor, entraron a formar parte de la disciplina de la Gimnástica «ya con unos seis o siete años».

«Estuve unos dos años en la cantera. De ahí pasé al Amistad y después a la Sniace, hasta que en categoría juvenil, con unos 18 años, volví a la Gimnástica». Hasta esa edad Julio combinaba el fútbol con otros deportes. «Cuando eres pequeño no te quedas sólo con una opción. En mi caso practicaba también baloncesto y atletismo en el Pancho Cossío hasta que pasamos a maestría, donde hoy está el Instituto Miguel Herrero». En ese momento, el mediano de los Engonga se centró exclusivamente en el fútbol.

Durante esta etapa, Julio siguió atesorando buenos recuerdos y descubriendo el mundo: «siempre he sido extrovertido y, en esa época, el fútbol me aportó conocer a gente de otros barrios y otra forma de pensar. El deporte de equipo te abre un poco al mundo. Compartes vestuario con personas de otros sitios y descubres cómo se hacen las cosas en otras casas, cómo los educan... El fútbol me dio amplitud de miras».

Hasta que no puso rumbo a Menorca para hacer la mili, Julio no se dio cuenta de que podía convertirse en futbolista profesional. «Esa temporada jugué en el Sporting Mahonés y conseguimos el ascenso a Segunda B. Aquello fue una experiencia maravillosa. Era la primera vez que jugaba en otra región y la oportunidad perfecta para comparar el nivel que tenía en relación al resto. Es la primera vez que me independizaba, ganaba algo de dinero y vivía un poco de ello».

En las calas baleares, Engonga se planteó que «igual podía vivir del balón, aunque más que darte cuenta, te lo hacen ver». El empujón definitivo que catapultó a Julio al fútbol profesional se lo dio Manolo Preciado. El torrelaveguense tenía 24 años y jugaba en el Escobedo, en Tercer División, mientras trabajaba en una empresa de ventanas de PVC. «Ahora todo es diferente, en aquella época no pensabas vivir sólo del fútbol. Tenías retos muchos más cercanos, del tipo: ‘quiero jugar en este equipo’». En esas estaba cuando Preciado le llamó para que jugará en la Gimnástica, que militaba en Segunda B. «Lo pensé muy bien, me dejé una puerta abierta en la empresa por si era necesario volver a recuperar el trabajo, pero no hizo falta. Esa temporada se jugó el play off a Segunda División». Su carrera arrancó entonces y «no fue muy larga porque me pillo mayor, pero hasta los 32 o 33 pasé por Levante, Las Palmas y Talavera de la Reina». Con todos ellos Julio Engonga disputó fases de Ascenso a Segunda División, aunque nunca llegó a jugar en ella. Ahora retirado del deporte rey, sigue vinculado a él en la Federación Cántabra de Fútbol, de la que es directivo.

Desde que el mediano de los Engonga era una promesa hasta ahora, los tiempos y la forma de entender el fútbol ya no son los mismos. «La mayor diferencia esta en las secciones inferiores de los equipos. Es indudable que en la actualidad hay mejores condiciones y los niños salen con mucha más calidad que nosotros, pero también es cierto que tienen mucha más presión debido a la exigencia a la que se les somete. En mi época uno jugaba para divertirse. Es posible que los niños en otros deportes se lo pasen mucho mejor, se ha perdido esa frescura». Ser profesional es un sueño al alcance de pocos, pero la clave es «trabajar y un poco de suerte».

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