Hay decenas de testimonios de agradecimiento de enfermos.

"Gracias por una labor impagable"

Cantabria 20/03/2017 11:31 |0

Pacientes y familiares agradecen la comprensión, la empatía y el cariño de los profesionales sanitarios que les han acompañado en el tránsito por la enfermedad

‘Como cambia el dolor del enfermo cuando entrelaza sus dedos con los de otra mano conocida’. Es el fragmento de una canción que Ángela Ariznavarreta escucha "de otra manera" desde que lo comprobó personalmente durante su hospitalización en Valdecilla. Con ella comienza la carta con la que quiere dar las GRACIAS –así, con mayúsculas– a todos aquellos que la han acompañado en el tránsito de su enfermedad. Una selección de los últimos escritos remitidos a la sección de Cartas al Director de este periódico nutre este reportaje de una gratitud para la que "faltan las palabras". Todos dirigidos a esa sanidad que no va en el sueldo.

Una selección de las Cartas al Director más recientes nutren este reportaje de gratitud

Mensajes que hablan de confianza, delicadeza, sonrisa, calor, empatía, comprensión... muestras de cariño hacia los profesionales del gran Valdecilla, pero también hacia el trato y el cuidado encontrado en los comarcales de Sierrallana, Laredo y Reinosa, en diferentes centros de salud, en la Clínica Mompía, en Santa Clotilde y en Padre Menni. Agradecimientos escritos por pacientes que han superado el trance del dolor y la incertidumbre, pero también de aquellos que plasman sobre el papel la voz del ser querido vencido por la enfermedad.

"Además de a mis padres y familiares, quiero dar las gracias a los médicos, auxiliares, enfermeras, celadores, personal administrativo y capellanes que han sido esa ‘mano conocida’ para mí. Desde la bajada al quirófano, la preanestesia, pasando por las dolorosas horas de reanimación y terminando con los cuidados de la planta séptima del bloque C de Valdecilla. Cuántas miradas de cariño y palabras de ánimo, cuánto apoyo... tanto que se hace hasta fácil, más fácil, vivir esos momentos e incluso sonreír", apunta Ángela en su carta, en la que invita a pensar en las historias que hay detrás de cada ventana de un hospital.

"Tratan con una humanidad que emociona y alivia el sufrimiento"

La gratitud de pacientes y familiares se extiende por toda la región. La mujer y los hijos de Luis Fernández Martínez, fallecido en el Hospital Sierrallana "después de luchar mucho tiempo contra una enfermedad cardiaca", recuerda que "su corazón dejó de latir, pero el de todos nosotros siempre seguirá adelante agradecidos por tener unos profesionales como su médico de cabecera (Elvira Martínez), su cardiólogo (Salvador Díaz) y todo el personal de la planta 1C, que han ido mucho más allá de lo que se les puede pedir. Han tratado a Luis y a su familia con una humanidad, empatía, delicadeza y un tacto que emociona y alivia el sufrimiento".

Otra familia que se siente en deuda con los sanitarios es la de María Jesús Landera Landáburu, también fallecida. Por eso, expresan "su profundo agradecimiento a Oncología de Valdecilla y a la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital de Laredo".

Al mismo centro se refiere el mensaje de María Jesús Palacio tras "comprobar la profesionalidad y calidad humana del personal de Traumatología y Medicina Interna, así como la amabilidad y excelente trabajo de la trabajadora social. Tenemos unos profesionales del sistema sanitario que muchas veces no valoramos y somos unos verdaderos afortunados". En la misma línea, María Yolanda Fernández, de Valdeolea, manifiesta su "total y profundo agradecimiento al personal del Hospital Tres Mares por el excelente trato recibido" durante los últimos días de vida de su madre, así como al equipo de la residencia Santa Eulalia (Mataporquera). Igual de "orgullosa de nuestra sanidad pública" se declara Carmen Ruiz Allende, una vecina de Campuzano que dedica sus palabras a los "grandísimos" profesionales del centro de salud Covadonga, en Torrelavega, que "son los que con más humanidad nos han llevado de la mano, como amigos, hasta el final, porque lamentablemente hemos perdido la guerra".

Historias de paciencia, de valientes, de luchas, recomienzos, constancia, dudas, alegría, tristeza, aceptación, porqués... De batallas ganadas y batallas perdidas. Como la que plasma en sus líneas Pilar Martínez García-Monco, agradecida con "el personal de Oncología de Valdecilla (5ª planta de la torre B) por su afecto, comprensión, profesionalidad y buen trato hacia mi hermano, que no pudo superar su patología. Nunca olvidaremos vuestra cercanía en esos duros momentos".

También al servicio de Oncología se dirige Santiago Velasco, aunque extiende su mensaje a los equipos de Cirugía y Radioterapia. "No voy a juzgar la situación de la Sanidad, que en mi modesta opinión es muy buena, siempre mejorable, pero buena. Somos un matrimonio afectado por cáncer de mama, aunque la operada y tratada es la mujer, afectados somos los dos, siempre unidos, para lo bueno o, como en este caso, para lo malo", expone. A través de su carta agradece públicamente "las atenciones, amabilidad, buen hacer... más todos los buenos adjetivos calificativos que queramos incluir para todo el personal que intervienen en estos servicios. Muchas gracias desde el primero al último por todo lo que en estos difíciles meses hemos pasado ‘juntos’".

El cáncer está presente en buena parte de los mensajes, alguno escrito de puño y letra, como el que firma Manuel Castañeda Acebal, un vecino de Miengo de 69 años que lleva los siete últimos luchando contra esta patología y que expresa su "profundo agradecimiento a la Clínica Mompía, y en especial a la oncóloga Ágata Pérez Ochoa y al resto de su equipo, por la confianza y un trato fuera de serie".

Tras librar su propia batalla, María Luisa Fernández Gómez asegura que "somos unos privilegiados por disponer de una sanidad pública y gratuita y de profesionales que dan lo mejor de sí mismos para ayudar a la gente". Los destinatarios de ese ‘gracias’ que transmite en su misiva van desde "el médico de cabecera y la enfermera de su centro de salud, en la calle Vargas (Santander), a los equipos de Radiología y de Oncología de Valdecilla, encabezado por el doctor José Manuel López Vega, hasta los profesionales del hospital de día, de Medicina Nuclear y de la 4ª planta del edificio 2 de Noviembre por su inestimable apoyo en momentos tan difíciles".

"¡Viva Valdecilla!"

Con un "¡Viva el Hospital Valdecilla y las personas que lo sostienen cada día!" termina su escrito Isabel Tejerina. "En un trayecto vertiginoso de seis meses comprobé lo que ya sabía: que tenemos una sanidad pública de primera clase", señala. En sus líneas, da "mil gracias a la oncóloga de la sonrisa ancha, al radiólogo encantador que me convenció para una estremecedora biopsia en la columna vertebral, al celador de las gafas en la cabeza que me entretuvo el medio kilómetro que dista desde las Torres a los quirófanos; a la experta cirujana de pulmón que, además, me enseñó a usar el respirador de las bolitas en su domingo; al amable equipo de radioterapia y a tantos sanitarios que me cuidaron". Labor, la de todos ellos, que juzga "impagable". "Como impagable sería costear las múltiples pruebas, la cirugía de dos tumores malignos y su tratamiento. Seguramente tendríamos que haber vendido la casa. Y otros, en peores circunstancias, morir en el intento, como ocurre en EE UU, esa sociedad que tanto nos ponen de ejemplo".

"Con el corazón" escribe su carta Josefa Barril González, que agradece "al servicio de Hematología el esfuerzo, la dedicación y buen hacer que han dedicado a conseguir recuperar la plena salud que hoy disfruto. Pasar por este trance, me ha hecho conocer y valorar el extraordinario trabajo que ustedes hacen todos los días". Ella dedica "una mención especial a la Unidad de Hospitalización Domiciliaria, que me ha permitido recibir la asistencia y superar el proceso con el nivel de confort y bienestar que nunca imaginé ni me cansaré de agradecer".

‘Reconocer y agradecer lo que funciona’ es precisamente el título con el que comienza Celina Setién Fernández. A su marido le diagnosticaron Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), una enfermedad neuromuscular degenerativa y mortal, por la que "recibimos atenciones de un amplio equipo de profesionales de Valdecilla (neurólogos, neumólogos, rehabilitadores, endocrinos, cuidados paliativos, psicólogos, enfermeras), además de Atención Primaria, todos empeñados en que el enfermo y sus familiares tuvieran la máxima calidad de vida".

‘Gracias por sonreírme’

"Nos llegó al alma el mensaje que nos dejó Rocío Sierra"

A veces los agradecimientos calan tan hondo que resulta imposible no corresponder. ‘Gracias por sonreírme’ fue la frase de despedida que la paciente Rocío Sierra dejó encima de la mesita de su habitación, en la cuarta planta de Ginecología de Valdecilla, antes de marcharse. "Sus palabras llegaron al alma a todo el personal de la planta", cuenta Carlos Berzosa, que ejerce como portavoz. Y eso es lo que les empujó a compartir la anécdota para darle las gracias a Rocío por ese escrito en el que "nos decía que, como cualquier persona, los profesionales sanitarios tienen días buenos y malos, tienen familias y vidas. También se enamoran o son abandonados. Habrá a quienes les falte dinero para cumplir un sueño o acabar el mes. Quienes tengan hijos o estén solos, muy solos. Tal vez se sientan incomprendidos, mal pagados o piensan que ‘al menos tienen trabajo’. Cuando les decimos ‘me duele’ les puede estar doliendo el alma a ellos por sonreír".

Por todo esto, como cuidadora, "debo expresar mi gratitud a la sanidad pública en general, y en particular a todas esas magníficas personas que nos atendieron". Palabras que coinciden con las de la familia de María Muñiz Santamaría, también fallecida recientemente. En este caso, dirigidas "al servicio de Nefrología y al equipo de profesionales de Dialsan, médicos, auxiliares, enfermeros y técnicos de ambulancia que con tanto cariño y profesionalidad han cuidado a nuestra madre. El trato que todos le distéis hizo que la situación vivida, tan difícil para ella y su familia, fuera mucho más llevadera. Gracias por hacer tan bien vuestro trabajo", apunta su hija, Encarna Pérez. A la Unidad del Dolor de Valdecilla se refiere el mensaje que firma José Fernández. "Por las muestras de simpatía y ese calor que recibí de todo el equipo, desde la celadora hasta las doctoras, y en especial a la enfermera Elena por su entrega tan humana y afectiva", escribe, confiando en que sus palabras "sirvan de estímulo tanto para el equipo como para la Dirección del hospital al saber que cuentan con unos grandes profesionales".

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