Los zamarracos desfilando por las calles de Silió.

La Vijanera se viste con su mejor máscara ante miles de devotos

silió 08/01/2017 18:47 |0

La edición con más participantes de la reciente historia de la fiesta de Silió volvió a sorprender por su atractivo

La Vijanera se vistió hoy con su mejor máscara para encandilar a los miles de personas que se acercaron a Silió (Molledo) para celebrar una Fiesta de Interés Turístico Nacional enraizada en los ritos ancestrales de Cantabria. La Asociación Cultural de Amigos de La Vijanera quería ofrecer en esta edición una nueva imagen y el resultado fue espectacular, como ratificaron tanto quienes se estrenaron en la mascarada de Silió como los más habituales, que se dejaron sorprender por más personajes que nunca, más trajes, más máscaras y una apuesta decidida por acercarse cada vez más y mejor al origen de la fiesta. Además, este año tuvieron protagonismo, por primera vez, las mujeres, recreando, ya por la tarde, leyendas sobre amoríos entre zarramacos y pandereteras.

Los fieles, siempre mayoritariamente jóvenes, cumplieron con el rito y siguieron de cerca a la comitiva, aplaudiendo cada parada, riendo con las coplas satíricas, rendidos a una representación única que acaparó su atención hasta que la imponente iglesia románica de Silió impuso la ley divina para que los grandes protagonistas, los zarramacos, dieran muerte al Oso. Bien es cierto que las miles de personas que llegaron a Silió este año hicieron imposible por momentos seguir el ritmo de los vijaneros.

Entre los visitantes estuvo la plana mayor del Gobierno regional, Miguel Ángel Revilla y Eva Díaz Tezanos, consejeros, parlamentarios, la alcaldesa de Molledo, Teresa Montero, y concejales de corporaciones de todo el entorno.

Un poco antes de las doce del mediodía comenzó el gran espectáculo en dos lugares distintos. Una pequeña comitiva se dejaba ver en las laderas que bajan de Santa Marina a Silió, mientras el gran grupo salía de las antiguas escuelas, sede de la asociación organizadora. Nadie se quería perder uno de los momentos álgidos del día. Y nadie quedó defraudado. El Oso bajaba de los montes escoltado ya por los zarramacos que se unieron para darle caza al pié de la iglesia. Los guerreros del Bien hicieron su trabajo y pusieron en manos del Húngaro al animal que representa en la fiesta todos los males de la tierra.

Las dos comitivas unidas se dirigieron a la plaza principal entre un pasillo humano donde las cámaras de fotos no paraban, dirigidas muchas hacia uno de los alicientes de los últimos años, los trajes naturales, este año más y mejor si cabe. En un trayecto más corto que otros años, unos otros rindieron honores a la fiesta en la plaza que acoge el centro de interpretación de La Vijanera. Sorteando calles estrechas y gente cuerpo a cuerpo con los vijaneros, el grupo se dirigió a la Raya, la frontera entre Silió y Santián, lugar elegido, como es tradición, para pedir Guerra o Paz. Y como es habitual, ganó la fiesta y reinó una paz que, al menos, durará hasta el año que viene.

En ningún momento cesó la danza y, con ella, el sonido de los campanos que portan los zarramacos. Sonido que marca el ritmo a cuarenta kilos de peso entre metal y cuerdas. Sarna con gusto no pica, pero agota, sin duda.

El largo recorrido hasta la Raya permitió disfrutar del centenar de integrantes de la comitiva, especialmente de los renovados trajes que recrean la Naturaleza, otra de las apuestas de este año, con mención especial al renovado Árbol, uno de los más fotografiados y el preferido de los niños. Con ellos, el amo, los traperos, la pepona, la madama o el mancebo, la gigante giralda, los danzarines, la preñá, la gorilona o las gilonas, también recuperadas este año. Todos envueltos en trajes de marcado corte rural, hechos con elementos propios de las labores cotidianas y la naturaleza de la zona, sacados de retales de telas viejas y sacos.

En su séptimo año como Fiesta de Interés Turístico Nacional, la comitiva regresó sobre sus pasos dese la Raya hacia la plaza de Santiago y de ahí a la campa donde se había instalado el escenario que acogió el canto de las secretas coplas. En el mismo escenario tuvo lugar el Parto de la Preñá, premonitorio de un año de bienes.

Y para finalizar, sorteando a los cientos de espectadores que, hombro con hombro, fueron afluyendo a la campa, llegó la victoria del Bien sobre el Mal, la culminación de la fiesta con los zarramacos abatiendo al Oso al pie de la iglesia parroquial, recibiendo su bendición, utilizando sus varas como lanzas de purificación, unidas, formando un círculo, sobre el plantígrado, para librar al hombre de malos presagios, que por otra parte, falta hace.

Más íntima, la mascarada cántabra continuó por la tarde, hasta la puesta del sol. Se recordaron coplas antiguas, se escenificaron sainetes propios de las fiestas populares y poco a poco fue cayendo el cansancio, con la noche, dejando danzas y chanzas para otro año, volviendo a la cruda realidad hasta que el año que viene regrese La Vijanera.

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